Hablamos mucho de técnica. De suelos, de altitud, de acidez, de fermentaciones, de decisiones en bodega. Pero hay algo que casi nunca aparece en las fichas técnicas y que, sin embargo, lo sostiene todo: el amor.
Amor no como romanticismo vacío, sino como atención, paciencia y compromiso. Y en este mes, creo que es apropiado mencionarlo. El año pasado, hablamos en el boletín sobre Julio Cesar y Cleopatra, el gran amor que nos dio la inspiración del calendario que seguimos usando hoy y de forma indirecta son el por qué tenemos el mes corto de Febrero Más Información Aquí. Pero eso es otra historia. Hoy hablaremos un poco más de la vida actual y por qué hacemos lo que hacemos.
La viticultura es, en el fondo, un acto de amor a largo plazo. Amar una viña es aceptarla tal como es: con años difíciles, heladas inesperadas, sequías largas y cosechas que ponen a prueba la fe. Es volver cada año, observar, escuchar, entender cuándo intervenir y cuándo simplemente dejar ser. No se puede cuidar una viña sin cariño; la tierra lo nota. La prisa se refleja. La indiferencia también.
En la enología pasa lo mismo. Elaborar vino no es imponer una idea, sino acompañar un proceso vivo. Amar el vino es respetar su ritmo, aceptar que no todo se puede controlar y que algunas de las decisiones más importantes son las que no se toman. La pasión aquí no es grandilocuente; es silenciosa, constante, casi invisible. Está en limpiar una barrica, en probar una fermentación a diario, en esperar.

Y quizá por eso el vino conecta tan profundamente con nosotros. Porque es el resultado de muchas formas de amor superpuestas:
– amor por la tierra
– amor por el tiempo
– amor por el oficio
– amor por compartir
En un mundo que exige rapidez y resultados inmediatos, el vino nos recuerda que lo valioso necesita cuidado, y que cuidar algo —una viña, un proyecto, una relación— es una forma de amar.
Este Día de San Valentín no celebramos solo el amor romántico. Celebramos el amor por lo que hacemos, por cómo lo hacemos y por con quién lo compartimos. Porque cuando hay amor en el trabajo, se siente. Y cuando hay amor en el vino, se queda.
Brindemos por eso. 🍷
Por el amor que se cultiva, se fermenta y se comparte.
